Así de puta es la vida
El hombre chupaba un poco de lo que quedaba al cigarrillo. Casi nada. Lo apaga, mientras exhala el último aliento de humo. Miraba el horizonte, buscando una señal, una señal inexorable que mostrara el Apocalipsis, su Apocalipsis. No era tonto, tantos putos años mintiendo y sonriendo hipócrita te permite saber cuando tu alrededor lo hace. Las palabras zalameras escondían el cuchillo que pensaban clavar en su espalda. No, ni eso. No eran suficiente hombres. Incluso para traicionar se necesita cojones. Hijos de la gran chingada. Simplemente se irán, abandonaran su puesto mientras la tormenta se acerca para rematar su trabajo. El aire frío nocturno era la señal. Mientras se mesaba el cabello negro, tiraba la colilla. Y entró en la casa. Y se preparó. Se puso el chaleco antibalas, cogió su AK-47, unas cuantas granadas; y su viejo y querido revolver, al que dio un último beso en el cañón. Ahorita vienen, se dice a si mismo. Los buitres llegan rápido en busca de carroña. Pero esta j...