miércoles, 13 de junio de 2018

Like a Stone


Jenny se despertó y aún no había nadie a su lado. Desvelada, se despegó de las sábanas y se alzó, todo en absoluto silencio, y caminó por una casa a oscuras excepto por las pequeñas lámparas que encendía a su paso. Miró el reloj y emitió el primer sonido de su boca en un refunfuño cercano al gruñido seguido por una mueca al ver la hora. Se detuvo un momento al baño, donde se lavó la cara para desperezarse, mirarse al espejo y arreglarse la melena rubia. Dudaba si maquillarse o no, pero finalmente no lo hizo. Él la prefería con la cara lavada, de todas maneras. Ya sentada en el sofá del salón, con las largas piernas estiradas y con una copa, esperó pacientemente dios sabe cuanto tiempo hasta que escuchó el tintineo de las llaves chocando con la cerradura de la puerta. Jack entró a oscuras, tambaleándose mientras se quitaba la chaqueta de cuero hasta que la vio, acurrucada en un cojín con los ojos entornados por el sueño fijos en él.

-¿Qué haces despierta?

-Esperarte.

-¿A estas horas?

-Especialmente a estas horas.

martes, 22 de mayo de 2018

Justiciero


Llegué a la habitación del motel totalmente exultante. Finalmente lo había hecho, me había atrevido. Siempre había intuido que a la hora de la verdad no iba a ser capaz de hacerlo, que me quedaría congelado cuando le viese. Aún dudaba cuando el cuerpo cayó al suelo como un saco de cemento y sus ojos verdes me miraban fijamente. Pero lo hice, finalmente lo hice. Ahora podía permitirme sonreír. Púdrete en el infierno, cabrón.


viernes, 27 de abril de 2018

That's me in the corner


Finta y gancho con la izquierda que impacta contra el mentón del rival que tengo enfrente. Después aprovecho que está aturdido para soltar un directo que tal vez sea el decisivo y no se pueda volver a levantar. Suena fácil, muchas veces el plan me ha salido a la perfección y está claro que soy mejor boxeador que él; de hecho todo el mundo ha apostado por mí. Ese era el problema.

Repaso una y otra vez lo que debería haber hecho mientras el agua de la ducha cae sobre mí, aunque ya me he terminado de aclarar el jabón. Me pongo una toalla y me visto en silencio en un vestuario limpio excepto por la ropa a medio recoger. Estoy ya vestido cuando llaman a la puerta y entra la sonrisa de lagarto del señor Puzzo. Me tiende un sobre que yo cojo y me da un apretón de manos al tiempo que me susurra: buen trabajo. Se va con su traje impoluto y me digo que he hecho lo correcto, intentando convencerme a mí mismo. Es lo mejor para todos. No podías rechazarlo. Tienes que pensar en más cosas que en tu orgullo. Pero entonces, ¿por qué me siento un deshecho humano? Quizá es lo que soy, la basura blanca que tantas veces me habían dicho que era; alguien nacido para perder y no quejarse. Hubo alguna vez que creí que iba a ser campeón del mundo, que era invencible. Pero todo ese camino de grandeza se ha terminado en este vestidor, culminando mi traición a mi mismo. He recibido una buena suma, pero no me iban a volver a mirar a la cara ni a ser tomado en serio de nuevo. Me pongo la camiseta y me miro por última vez en el espejo. Aunque mi cuerpo todavía mantenía la forma física, en mi rostro se ven los golpes y que ya mi juventud se ha erosionado y voy entrando en una madurez decadente que finalmente me ha obligado a venderme para mantener a una familia a la que yo ya no podía seguir dando ejemplo.

sábado, 31 de marzo de 2018

La chica de mis sueños



La música es ensordecedora, machacona y algo insoportable. De ese tipo que solo se puede disfrutar con alcohol. Pero a mi alrededor todos disfrutan de ella, lo que me obliga a preguntarme si yo soy un alienígena perdido en la tierra. ¿Qué demonios pinto ahí? Todo el mundo se lo pasa bien, las chicas bailan, los chicos intentan acercarse a ellas y quien no está tratando de ligar está saltando, gritando y riendo. ¿Y qué hago yo? Quedarme de pie con una copa a medio acabar en la mano y sonriendo como un idiota para parecer que me lo paso bien. Pero simplemente no funciona, estoy fuera de lugar ¿Por qué sigo aquí? ¡Ni siquiera estoy borracho!

Por ella.

Harleen baila con desparpajo con sus amigas mientras se susurran confidencias entre miradas cómplices. Ella parece toda una reina, peinada con dos coquetas pero nada inocentes coletas rubias cuyas puntas habían sido teñidas en un color rosa casi fucsia. La muy pícara viste unos shorts cortos y una camisa desabotonada lo suficiente para mostrar una amplía porción de su piel clara de un vientre plano y la amplia y sugestiva hendidura de unos amplios pechos que muchos de los que la rodeaban miran sin disimulo. Sin hacerles caso, Harleen canta a voz de grito agarrada a los hombros de sus amigas Selina y Pamela, una morena de pantalones vaqueros ceñidos negros y una pelirroja con leggins y blusa verde. Intento desviar la mirada de ella, no quiero que piense que era uno de esos bichos raros que se pasan la noche espiando a toda chica que se le cruza por delante. Bueno, yo lo intento, podéis creerme, pero su imagen ya me perseguía cuando no estaba ella así que tenerla delante es una tentación demasiado grande. Mierda, es imposible y ahora me está mirando cuando ni siquiera puedo esquivar la mirada. Harleen me sonríe y se acerca. Trago saliva y siento los nervios encogiendo mi estómago. La música sigue tan alta que para hablarme tuvo que acercar mucho su boca a mi oreja, invadiendo mi espacio. Ella puede que no se diese cuenta pero yo era totalmente consciente que estamos a punto de rozarnos y de desatar mi histeria.

-¿Estás bien? Te veo un poco soso.

-Eh, no. No, no te preocupes. Simplemente necesito una copa más, ¿sabes?

-¿En serio? ¡No me engañes! ¡Tienes que prometérmelo! - Me mira a los ojos mientras me hace un puchero en la boca. - No quiero que nadie se lo pase mal en mi cumpleaños. - Me coge de la mano. -Ven, te invito a un chupito, así te espabilas. - Vuelve a acercar sus labios a mi oído. - Hay que calentar la fiesta.

Me arrastra energéticamente y sin que pueda frenarla hasta que ella dice algo en la barra. Antes de que me de cuenta, se da la vuelta con una sonrisa malvada mientras sostiene un par de vasos de tequilas. Trato de rehusar pero no me concede ningún atisbo de escapatoria. ¿Cómo resistirme a ella si me decía con voz dulce que la acompañase, que no la dejase mal? Estoy totalmente desarmado y cuando me quiero dar cuenta el cristal choca contra la mesa al tiempo que el alcohol cruza mi garganta como si fuera fuego líquido para dar luego paso a la euforia. Levanto la mirada, nos miramos y rió sin razón aparente. Ella también lo hace, manteniendo en mí sus ojos azules unos segundos. Finalmente la música cambia provocando sus gritos entusiasmados.

-¡Me encanta esta canción! ¡Vamos, bailemos!

No sé que hacer, demasiado tímido para ser algo más que un fantasma que la persigue mientras Harleen empieza a desmelenarse literalmente al deshacerse de las coletas. Pero el tequila me empieza a darme una mezcla de valentía y estupidez que me impide quedarme quieto y dar pequeños saltos hasta que noto su mano tocandome de forma decidida. No sé bailar, le advierto. Y eso a quien le importa, me espeta. Tú solo haz el tonto como yo.

La verdad es que no miento, no sé bailar y no quiero pensar que tipos de movimientos hago al ritmo de la música, pero a Harleen le da igual; incluso se une a ellos. Claro, ella con más gracia. Es divertido, incluso me hace cantar. En ese momento todo me da igual, a su lado soy feliz. Hasta la música parece mejor, seguiría toda la noche así pero Harleen ha perdido la paciencia. Se pone seria, ya cansada de limitarse a lanzar miraditas, y, al contrario que lo que hice (es mejor que yo en todos los sentidos), decide jugársela. Mata al espacio que nos separa, y sus brazos envuelven mi cuello y sus ojos azules apuntan con decisión a los míos. Saborea mi nerviosismo y en el momento justo se detiene. Me obliga a sentir su perfume en mi nariz, el contacto de la piel de sus brazos níveos, como sus manos acarician mi pelo, la proximidad de nuestros cuerpos y sus sutiles pero incitantes movimientos para darme valor hasta que dejo de pensar y la beso. Suena la música pero los dos estamos ya quietos excepto por nuestras lenguas. Mis manos recorren su espalda mientras ella me empuja a una pared. Tras una pausa para coger aire, la muy diablesa aprovecha para mordisquearme la oreja. Esto por hacerme esperar tanto, me susurra justo antes de que nuestros labios volvieran a encontrarse durante unos breves momentos antes de sugerirme que salgamos de allí.

-No hace frío, hay más espacio y hay menos mirones.

Tras una mirada de complicidad con sus amigas - que habían sido atentas espectadoras de todo – nos fuimos, mientras ellas cuchichean y nos despiden con la mano.

Ya fuera del local, nos apoyamos de nuevo en el muro mientras Harleen se enciende un cigarro. Tras una calada, ella me dice:

-La espera ha merecido la pena, pero si no hubieras tardado tanto tampoco hubiera estado mal.

Ambos reímos nerviosamente aunque no tengo claro exactamente que decir. Todo era tan irreal, un sueño. Y por supuesto abro la boca para estropearlo.

-¿Quién hubiera pensado que yo te gustaba a ti?

-¡Serás tonto! Hablas como si estuvieras en el instituto. ¿No eras capaz de darte cuenta antes, a pesar de las veces que me mirabas? Estás atento a todo menos a los detalles, y eso es lo importante. Y además, ¿por qué no me ibas a gustar? Con lo mono que eres. ¿Ves? Ya te he piropeado gratuitamente suficiente por hoy. ¿Contento? Debería estar molesta contigo por ser tan lento. ¡Hasta pensé que tenías una novia escondida por ahí!

-¿Cómo voy a tenerla?

-¡Oh cariño! Voy a tener trabajo contigo. - Hace un puchero antes de volver a dar una calada de nuevo. - Seguro que eres tan zoquete que pensabas, e incluso puede que lo sigas pensando a pesar de todo, que soy una diosa o un ángel caído del cielo. ¡Y no es verdad ángel de amor!...

-Calla, no te burles.

-Si es que no puedo evitarlo, es tan ridículo. Y sí, aparte de que es un pensamiento estúpido e injusto hacia mí, en el caso de que sea cierto, ¿por qué vuestras diosas no pueden soñar con los chicos como tú? Sí, nos parecemos más de lo que te crees. Y sí, también tenemos inseguridades sobre si a vosotros os gustamos o simplemente sois unos bobalicones que miran al infinito. No pongas esa cara, tampoco es para tanto.- Harleen tira el cigarro al suelo y lo apaga con la bota. Se vuelve hacia mí y salta para que le coja en el aire mientras me abrazaba y sus piernas se enredaban en mi cintura. - Simplemente quiero que sepas que no has sido el único que ha pasado noches en vela y que tú también me has hecho soñar. Así que deja de preguntarte si eres el chico de mis sueños; lo eres. Así que déjate de hostias y bésame, que bastante tiempo has perdido y la noche no perdona a nadie.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Cry for Absolution



Había estado de viaje en otras ciudades, bebido en otros bares y amado a otras mujeres. Pero a pesar del largo viaje, uno regresa y se da cuenta que le queda lo de siempre. Una fría ciudad helada donde uno reza que no se estropee la calefacción, un bar destartalado en el que el vodka es malo pero caliente y barato y ella en el escenario. No es una navidad idílica ni mucho menos pero su sonrisa en cuanto me vió bien que merece la pena.

Me envolvió en un abrazo y al oído me dijo que me había echado de menos. Yo no se lo dije, pero ella lo descifraba en mi mirada. Nos sentamos en una mesa, con una botella y dos vasos que nunca estuvieron vacíos y le fui contando que fue de mi vida. Entusiasmado, le relaté a donde fui, que hice y como tenía en la cabeza la novela. No una novela cualquiera, sino la novela que me encumbraría como genio literario si el mundo era justo. Yo le pregunté si había compuesto nuevas canciones, que ya era hora de un nuevo disco. Ella torció la sonrisa y confesó a regañadientes de que apenas había avanzado, que solo tenía riffs a los que no termina de dar continuidad. Para cambiar de tema, me preguntó sobre mi familia. Yo le dije que no les había visto, que era un viaje para desconectar, no para sentirme como un niño al que van arreglando la vida otra vez.

-¿Cuánto haces que no les ves?

-Un año o dos. Pero tampoco es ninguna tragedia.

-No es que tenga que serlo. Pero tu mismo escribiste que hasta el más bravo de los lobos solitarios echa de menos tener las espaldas cubiertas ¿No crees que deberías haberles visitado?

Contesté en un tono que empezó siendo incomodo hasta mutar en molesto.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El lado bueno de la locura



El motín había empezado y los locos arrebataron el manicomio a los cuerdos. Pero a John no le interesaba el mundo fuera de su celda. Ya no. Él estaba tirado en su camastro tratando de concentrarse en la lectura de un libro a pesar del ruido. En otras ocasiones- no se ganó una reputación de peligro público en vano- estaría con la masa salvaje con algo afilado en su mano mientras lanzaba cóctels molotov a los policías. Pero ese tiempo ya era pasado. De hecho, estaba ahí internado tras entregarse voluntariamente. No podía controlar ya la perversidad de su mente. Ya había hecho cosas terribles, pero la última le atormentaba insistentemente como un taladro en su cerebro.

Cerró el libro. Ojalá estuviera en la playa ahora. Tirada en el suelo había una revista donde había visto fotos de la fina arena del Caribe o las claras aguas de las islas de la Polinesia. Sería un lugar perfecto, alejado del mundo putrefacto que conocía y sin poder salir de una isla semivacía. Habría silencio, habría paz. Puede que incluso las voces que le atormentaban desaparicieran, a lo mejor allí sería libre de la congoja que le corroía el corazón. Pero no está ahí. Y el mejor lugar que ha encontrado para languidecer es una celda donde al menos no podría escapar para volver a hacerlo. John intentó volver a leer pero las palabras se hacían cada vez más lejanas, como lo era todo lo que le rodeaba, incluso la violencia que seguía inflamando la voluntad de los internos. Así solía ser empezar todo, deambulando entre vidas pasadas e imaginarias hasta llegar a saber donde e inhalaba en ellas como si fuera una droga. La realidad moría y lo peor es que no le importaba.

-¡Hey pringado! ¿No te unes a la fiesta?

viernes, 14 de julio de 2017

Gimme More



A pesar de los años, a Alexa todavía le daba morbo dejar caer el sujetador al suelo, mostrando sus tetas al público. Era como un viejo truco de magia que conservaba la chispa a pesar de tantos años. Había pocas luces en el club, y todas apuntaban al escenario donde ella estaba al tiempo que los sintetizadores de la canción marcaban el ritmo de su baile.

“Every time they turn the lights down. Just want to go that extra mile for you”

Alexa se fue a la barra de acero y procedió a deslizarse y a restregarse con ella. De vez en cuando echaba una mirada felina al público, que tiraba dólares a la plataforma. Se sintió hermosa, se sintió poderosa. Con movimientos de cuello desplazaba su melena rubia de forma salvaje e hipnótica. Se volvió a la barandilla  balanceando las caderas, donde estaban dos jóvenes que no le quitaban ojo. No sabían que hacer. Demasiado inexpertos, demasiados marginados por las mujeres de su edad. Quizá fuesen los mejores, quizás fuesen los peores. Puede que fuesen las primeras tetas que viesen en su vida. Los pobres tenían vedado tocarlas, pero las podían ver y constatar que eran magníficas, de buen tamaño y, a pesar de sus cuarenta años, estaban aún firmes.