viernes, 14 de julio de 2017

Gimme More



A pesar de los años, a Alexa todavía le daba morbo dejar caer el sujetador al suelo, mostrando sus tetas al público. Era como un viejo truco de magia que conservaba la chispa a pesar de tantos años. Había pocas luces en el club, y todas apuntaban al escenario donde ella estaba al tiempo que los sintetizadores de la canción marcaban el ritmo de su baile.

“Every time they turn the lights down. Just want to go that extra mile for you”

Alexa se fue a la barra de acero y procedió a deslizarse y a restregarse con ella. De vez en cuando echaba una mirada felina al público, que tiraba dólares a la plataforma. Se sintió hermosa, se sintió poderosa. Con movimientos de cuello desplazaba su melena rubia de forma salvaje e hipnótica. Se volvió a la barandilla  balanceando las caderas, donde estaban dos jóvenes que no le quitaban ojo. No sabían que hacer. Demasiado inexpertos, demasiados marginados por las mujeres de su edad. Quizá fuesen los mejores, quizás fuesen los peores. Puede que fuesen las primeras tetas que viesen en su vida. Los pobres tenían vedado tocarlas, pero las podían ver y constatar que eran magníficas, de buen tamaño y, a pesar de sus cuarenta años, estaban aún firmes.

domingo, 5 de marzo de 2017

La Playa


Vuelvo a estar en la playa. Noto la brisa húmeda, la arena en mis pies y oigo el sonido de las olas rompiendo contra las rocas. No es una playa para bañarse, solamente es para pasear o tumbarse bajo el sol. Pasa el tiempo; simplemente dejo que se pierda lentamente. Mi piel está morena, estoy más delgado y los músculos se muestran más tonificados. Mi vida es simple. Duermo, corro, leo, como, bebo y duermo. El suministro de whisky no termina nunca y con eso me basta. Tampoco me falta la cerveza y la comida. Ya no escribo, no tengo razones para ello. Son suficientes las palabras de los otros; las mías se acabaron. Es una buena vida. En ella se desvanece todo. España, la guerra, el miedo y Berlín. Berlín y su ruido. Un ruido tan fuerte que logra despertarme.

Tengo resaca. No suelo tenerla pero anoche bebí bastante y mal, bebiendo solo lo que solo los insensatos y los desesperados se atreven. Me duele la cabeza pero no puedo quedarme en casa. Si me quedo es para volver a la playa. Pero está vez esta totalmente destrozada por un tsunami y con los troncos de las palmeras derribados. Mi paraíso idílico había sido totalmente arrasado y no merecía la pena tratar de volver. Ahora estaba atrapado en la ciudad del muro y en ella no hay escapatoria. 

sábado, 3 de diciembre de 2016

La Bruja



Era una edad donde pervivían príncipes y emperadores que querían regresar a la gloria romana bajo la protección de una Iglesia deseosa de limpiar las tierras de Alemania de paganos que seguían fieles a las creencias de sus antepasados. Los curas portaban la cruz y predicaban la religión del Papa con fervor e intransigencia hacia los restos del viejo mundo. Pero había uno que cayó en la desesperación. Era joven y lleno de ideales que en ese momento ardían en el fuego de la guerra y la devastación de la peste y ya solo eran cadáveres con miembros amputados, llenos de pústulas negras. El sacerdote notaba como sus palabras estaban vacías de toda fe, incapaces de sonar convincentes cuando prometía un nuevo reino de los cielos a los harapientos, a los hambrientos, a los moribundos, a las viudas o a los huérfanos. El joven sacerdote se arrodillaba frente al altar, rezando para que Dios le devolviera su fe. Pero Cristo seguía clavado en su cruz sin dar muestras de oírle, siendo solo madera.

lunes, 31 de octubre de 2016

Exit Light, Enter Night



El sheriff caminaba por la rivera del río con un cigarro en la boca y el ceño fruncido. Estaba siendo una mala noche. Miró su reloj que le mostró que señalaba las dos de la mañana. Cuando levantó la vista vio como se acercaba uno de sus hombres tras vomitar en un árbol. El sheriff no preguntó si el cuerpo era de ella, la respuesta era demasiado obvia, sino que dejó que el sargento de rostro pálido y desencajado hablase.

-¡Será malnacido!¿Cómo... cómo se puede hacer eso? Ha sido terrible, Sheriff. Terrible. Los ojos... Los ojos... Y la falda estaba, maldita sea.

-Cálmese sargento. Serénese y cuéntemelo todo de forma clara.

El sargento de policía tomó aire, tragó saliva y con la voz aún acelerada relató:

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bosque tenebroso


La calle no está lo suficientemente iluminada y ya es la hora del cierre de los bares que cobijan a los noctámbulos sin remedio. Hace frío y me he dejado el abrigo Dios sabe donde. No vendría mal para calentarse un cigarrito o el abrazo de una mujer. Pero los primeros ya se han agotado y ya no me queda suficiente dinero para alquilar a una de las segundas. He bebido bastante pero no lo suficiente para evitar la clásica ansiedad depresiva de las tres de la mañana. Juro que mientras sale el sol parezco feliz, la mayor parte del día al menos.

Tanteo el bolsillo buscando las llaves pero no las encuentro sino solo treinta monedas de plata. La memoria viaja y recuerda besos y caricias. Pero también engaños que me llenan de tanta tristeza que mis ojos que no osan llorar. Abandona toda esperanza, me digo mientras resoplo de frío y llego al sitio donde la piedad yace muerta. Miro a esa misma esquina al tiempo que la congoja abraza con crueldad a mi corazón, recordando su cara allegada de lágrimas y un por qué, que apenas salía de su garganta, que yo no supe responder. Soy un miserable, ese es el porqué. Ella no pidió nunca a un santo sino un hombre que pudiese considerar bueno pero no soy ese hombre. Ella lo descubrió esa noche mientras posaba mis labios en otros que no eran los suyos.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Ira germana



-¿Arminio ha dado la orden?

-No, todavía no. Pero debe de faltar poco. Oigo a las legiones marchar.

-Eso espero, estoy harto de esta lluvia.

-Eres germano. Has nacido en la lluvia, has jodido en la lluvia y mataras o morirás en la lluvia.

Me veo obligado a desviar la mirada para disimular la vergüenza y dejo de hablar. No puedo sentir miedo ni mostrar debilidad hoy. Todo el mundo había dicho que iba a ser una batalla de la que se hablaría durante siglos. Lo dijo Arminio, el caudillo que ha reunido a miles de germanos ávidos de sangre en el bosque de Teutoburgo. Tras esta batalla, nuestras tierras dejaran de estar mancilladas por los invasores extranjeros. Invasores que no son un pueblo del caballo sino del águila. Se cuentan historias difíciles de creer sobre ellos. Se relatan antiguas victorias sobre ejércitos de elefantes o como cientos de miles de galos cargaron sin éxito contra ellos hasta que su orgulloso líder se vio obligado a rendirse para luego ser exhibido en su capital en lo que esos romanos llaman triunfo. Han sojuzgado las tierras de tumbas majestuosas llamadas pirámides e incluso habían cruzado el mar y desembarcado en las islas que hay más allá. Arminio les ha visto e incluso luchó a su lado para saber quien era el enemigo. Hombres cubiertos de hierro, que se dedican exclusivamente a luchar de forma profesional y a ocupar pueblos extranjeros por la avidez de gloria de sus generales y emperadores. Tienen grandes escudos con los que forman muros infranqueables, son hábiles en la espada y conocedores del uso de la lanza. Pero nosotros, los germanos, también somos guerreros formidables. Durante generaciones hemos sido el terror de la tormenta de muerte que se extendía mientras cabalgábamos. Esos romanos pagarán con su sangre el atrevimiento de profanar tierra germana.


viernes, 2 de septiembre de 2016

Un día maravilloso



Es maravilloso poder fumar un cigarrito en libertad. Noto el humo en mis pulmones, lo saboreo y finalmente lo exhalo. La vista es distinta a las paredes de hormigón en las que he estado encerrado durante siete años. Ahora lo que tengo enfrente es un bonito vecindario de casas bajas con piscina y jardines arreglados. En uno de ellos hay una madre joven y hermosa que riega sus preciadas flores de colores mientras con el rabillo del ojo vigila a su hija que juega en unos columpios cercanos. Es tan bonita como su madre, sonriente como solo en la infancia más inocente se puede en la infancia más inocente. Apenas tiene tres años y lleva puesto un vestido rosa que le han regalado hace una semana en su cumpleaños. Es un placer indescriptible, y que muchas veces ignoramos, el disfrutar de un precioso día sin que nada, sean nubes o muros, espante al Sol.

En ese momento suena mi móvil. Algo contrariado, apago la colilla en el cenicero del coche antes de cogerlo pero inmediatamente relajo el gesto adusto al oír su voz chillándome al oído.

-¿Dónde estás? ¿Por qué no estás en casa?